domingo, 23 de julio de 2017

Mario Vargas Llosa

                             MARIO
VARGAS LLOSA
                                                   
                                                   
TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA





















                                          


“Me gusta pensar en ti desde que pienso” (Sabines)

“No se es amigo de una mujer cuando se puede ser su amante”
(Balzac)

La primera novela romántica de este
escritor peruano Nobel de Literatura 2010, en la que el tema principal es el
amor y los sueños digo los sueños porque el protagonista desde temprana edad
tiene una meta vivir en París, el sueño de su vida, era su ambición, pero que
ese sueño va también acompañado del amor ambas cosas cogidas de la mano. Como
se refería Vargas Vila  “el dolor y el
amor toda la vida”.
Un amor de su juventud que había
quedado olvidado y que hace aparición en toda su existencia como un juguete
inalcanzable o como las olas del mar que vienen y se van. Una sombra que
intermitentemente desaparece de pronto y hace su aparición cuatro años más
tarde buscando otros escenarios  París,
Tokio, Lima, etc. Un amor que aparenta ser esa esencia pero que realmente no  lo es; como en el caso del Quijote de
Cervantes en busca de esa utopía como lo era Dulcinea.
“El amor no sólo es un
sentimiento es también un arte” (Balzac)
“Todo amor es
triste, más triste y todo, es lo mejor que existe” (Campoamor)
Hay cierto
paralelismo entre  García Márquez y
Vargas Llosa en sus obras Memorias de mis putas tristes y la Travesuras de la
niña mala, ambas obras creadas por este par de literatos galardonados, en donde
el amor tiene  muchas palabras en toda la
literatura universal, ambas obras creadas en el ocaso de estos autores.
 La narrativa de Vargas Llosa es sensacional,  libro en que el lector quisiera leer en el
tiempo menos posible en donde las aventuras, las citas amorosas, los personajes
que van apareciendo constantemente, los periplos por las ciudades y las miles
de caras de la niña mala (la chilenita, la ex guerrillera, la señora del
diplomático, la ex del aficionado a los caballos, la japonesita) las máscaras colocadas,
pero la identidad con Ricardo Somocurcio, ése amor platónico y algo sexual, es
la misma, ilusionarlo un tiempo para ir en busca de esa ambición que siempre
buscaba y que no lograba satisfacer  por
más dinero y lujos  que siempre la
acompañaban, siempre con ese vacío interior, esa soledad sin nombre ésa era
su  vida, una inquietud permanente por
alcanzar otro peldaño más. Y siempre que tenía ese estado de huida hacia algo,
buscaba al peruano Ricardo para intimidar con él, como recordando a Quevedo  en “lo fugitivo permanece y dura”.
Vargas Llosa
mezcla ese amor juvenil con el sexo esporádico posteriormente, vuelve el sexo
ocasional de la niña mala con todas sus aventuras amorosas; nos muestra una
relación llena de inestabilidad, en un amor interesado  de parte de sus protagonistas, en busca de ese
eslabón perdido como es el amor, también hace el reflejo del paso de los años
en la niña mala y la convierte en un ser deteriorado y carente de toda
inspiración cuando vuelve al lado de Ricardo como haciendo referencia a
Schiller cuando expresó:  “aún lo bello
perece”, los imperios se derrumban como dijo Carranza “todo cae, se esfuma, se
despide y yo mismo me estoy diciendo adiós” (Epístola mortal) o “como una torre
se derrumba todo”. Y una novela donde esa niña mala no le trae sino tristezas, amarguras,
ruina en su vida personal a ese “amor” de juventud. Como Juan Ramón Jiménez en
su poema “Qué loco fue tu carnaval, qué triste”


                                                                            
                                                          César H. Fortuna M.

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